
Es innegable en Colombia, según cifras del DANE del año 2024, que más del 60 % de los hogares registraron vivir con mascotas, evidenciando un crecimiento significativo si se compara con los registros del año 2019 del 47 %. En cuanto a preferencias, el 60 %, son perros y el 22 % son gatos, mientras que el 18 % restante son especies como peces, patos, loros y aves de todo tipo, hámsteres, conejos, en fin. Ya hoy todos de alguna manera convivimos con estas en su mayoría tiernas criaturas domésticas, bien sea por decisión propia o por la petición de familiares o amigos cercanos o por acceder a situaciones de equilibrio emocional a nuestra salud; a estos bellos seres nos lleva el sentimiento humano de quererles, respetarles y considerarles parte fundamental de nuestras familias.
Tener, por lo menos, una mascota ha dejado de ser una excepción y se ha vuelto común en muchos países del planeta. Distintos estudios muestran que una mascota hoy, a diferencia de antaño, nos genera sentimientos especiales de afecto y por ende ya hacen parte de nuestra preocupación por su seguridad e integridad; algunos osados, a mi manera de ver, conviven con animales exóticos como serpientes, arañas, cerditos, micos y hasta tigrillos, entre otros.
Hoy, en plena globalidad, en varios países la tasa de natalidad de sus sociedades ha venido cayendo de manera preocupante en las últimas décadas, en tanto el número de mascotas ha aumentado sustancialmente. Colombia no es la excepción y ya en el escenario del mercadeo y del marketing es común un mayor comercio de alimentos procesados para tipologías de estos PETS (mascotas en inglés) a ellos se suman nuevos emprendimientos e industrias de ropa, juguetes, clínicas, hoteles, colegios, cementerios, guarderías y que decir de los veterinarios que hoy hacen afortunadamente su agosto con esta profesión.
La biología, la moral de nuestra época, el sentido común y la legislación, nos han enseñado que la convivencia con este tipo de animales en casa es una expresión propia de los humanos para desplegar en ellos también nuestro amor y afecto y que ellos en correspondencia nos demuestran con su compañía y gratos espacios de compartir para la felicidad y la recreación. En muchos casos los animales se han convertido en un necesario de apoyo emocional, y de tratamiento psico-físico para muchas personas. Bien lo ha dicho la Corte Constitucional que la tenencia de mascotas se corresponde con el desarrollo de la personalidad y la intimidad personal y familiar de cada uno, y que los animales son seres sintientes, por lo que también son sujetos de derechos. Por ello, sus dueños no solo deben brindarles alimento apropiado, afecto y cuidado, sino que también deben asumir responsablemente las consecuencias de sus actos, especialmente cuando estos pongan en riesgo a otros animales o personas, u ocasionen deterioro a los objetos o propiedades de otros.
Tanto para quienes tienen uno o más animales en sus casas como para quienes optan por no tenerlos (por decisión, limitaciones o gusto), las mascotas han entrado a hacer parte de toda la convivencia social colombiana, en fincas, barrios, conjuntos residenciales y en todo tipo de ambientes familiares, sociales e incluso comerciales. Y en torno de esta nueva cultura y recomposición de las familias (muchos hogares cuentan a su mascota como uno más, la llaman ‘bebé’ y se refieren al dueño de esta como ‘papá o mamá’, ‘tíos’ y ‘abuelos’), ello conlleva crear nuevos hábitos sociales y laborales que se deben entender por cuanto la mayoría de la población los valida: por ejemplo, tener permisos en el trabajo por motivos de enfermedad, o incluso licencias de duelo por la muerte del animal.
Así, lo que para muchos es absolutamente normal (como, por ejemplo, ver que pasean a las mascotas en coches de bebés, les ponen guantes y vestido, las llevan en bolsos de mujer y están presentes en restaurantes y el comercio), para otros no es fácil aceptar y consideran que dicha humanización de mascotas ocasiona una distorsión de la convivencia y crea una nueva escala de valores muy distinta de los tradicionales.
Este es un debate que difícilmente admite posiciones intermedias. Frente a las mascotas generalmente hay posiciones encontradas: o gustan o no gustan, independientemente de consideraciones económicas, sociales, culturales o de convivencia, hoy como lo demuestran las estadísticas por lo menos en lo que refiere a Colombia, las preferimos.
En lo que no debe haber duda es en el respeto mutuo que debe haber entre quienes tienen y adoran las mascotas y quienes no tienen y no gustan de ellas. Ni unos ni otros deben invadir el espacio ajeno, ni permitir que las mascotas ocupen lugares no autorizados, ni prohibir a los animales expresarse naturalmente o, peor aún, maltratarlos o violentarlos.
Sea cual sea la mascota, su nombre, tamaño, conductas, formas de comunicación y maneras como su dueño se relacione con esta, es una responsabilidad ética y cívica garantizar que tanto los propietarios y sus mascotas cuenten con las idóneas condiciones para su relacionamiento y convivencia, como que quienes no quieren o no gustan de las mascotas no sean invadidos en su intimidad por descuido de los dueños de estos animales.
Respetar y defender el derecho de unos y otros es una maravillosa expresión de civilidad, que aún tanta falta en nuestro país inclusive entre humanos; recordemos que la educación es la ruta y a la vez el único dispositivo social verdadero para tener una mejor sociedad.
La entrada Convivir con mascotas – Jaime Leal Afanador #ColumnistaInvitado se publicó primero en Boyacá 7 Días.
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